Éramos

Éramos propietarios del mundo
como dioses inmortales
buscando el infinito en el amor,
mas no la felicidad
que es obsesión de los mayores.

Abrasamos la eternidad,
las noches en las playas,
firmamentos de promesas,
en un mundo extraño
escondido bajo la Atlántida.

Mañana era un tiempo lejano
el futuro no nos daba miedo
y nos creíamos inmortales
fluyendo en la inercia de los instintos.

Vuelvo a los largos veranos
a la desnudez interminable del tiempo,
a la inocencia acallada
en el desbordamiento
de todos los soles y utopías.

Interrogo desde
este tiempo transitorio
a las estrellas que nos observaron
para que me expliquen
cómo volver a El vino del estío.

 

Dedicado a Ray Bradbury
Perteneciente a Creo en la noche

©Myron Davis

©Myron Davis

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