Obra

Creo en la noche condensa una mirada inapelable sobre el mundo, un legado que cierra un ciclo meditativo y de reflexión esencialista, que utiliza la poesía como una forma de pensamiento.
Sus líneas exploran el reverso de la realidad, oscilando entre el mundo visible y el no-visible, abriendo una puerta a la realidad fragmentaria que nos define, influida por dimensiones intangibles que ocasionalmente muestran un destello sensitivo.
Los poemas dirigen su mirada hacia el alma vacía y traza espacios que sugieren meditaciones sobre la muerte, la soledad, la memoria; donde las cosas que nos definen, lo que somos, proceden de la negación y la transformación del vacío, de la descomposición del instante y del ser. Es una mirada que muestra un radical escepticismo ante una realidad que no entendemos, alumbrando los fantasmas y las pesadillas de una vida entendida como noche permanente, es una contemplación crítica que nace del silencio.
Creo en la noche nos transporta a un espacio fronterizo: la vida secreta de la memoria, la metafísica de la muerte, los contornos de lo invisible, el rastro en el vacío que dejan las ausencias, la trasmutación de los límites, la permanencia del pasado en el espacio, el conjunto anónimas obsesiones que continuamente nos conmueven en silencio. Y de esta forma explora las fronteras de lo inerte, del vacío, del no-tiempo, de la no-existencia, y traza un espacio mágico en el que los objetos adquieren vida propia y trascendente. Un espacio donde las pesadillas reinan por igual en el sueño que en la vigilia, en el que la memoria es una extensión de la vida y acaso más importante que esta. En el que ante la experiencia de la temporalidad y la muerte se rechaza la tentación elegíaca y es proclamado en su lugar el valor irrenunciable de la vida y la voluntad de vivirla como lo que es, tan solo una fracción del ciclo natural de la materia.
La voz poética expresada aquí oscila entre la aspereza, la tormenta crepuscular y el lirismo contenido. Es una voz amarga que muestra la crudeza de la visión en la distancia y huye de la sentimentalidad; que acumula pinceladas descriptivas para mostrar los pensamientos y así sugiere ideas abstractas e implicaciones metafísicas que parten de asuntos a veces distantes en lo contextual y temático.
En Creo en la noche los seres aparecen flotando, suspendidos de la nada, como en un cuadro de Magritte, o en escenarios desolados y en silencio como los de Hopper. Sin embargo, en este territorio glacial, las referencias a los seres queridos, la infancia y el amor están impregnadas de ternura y afloran como un oasis en una extensión de arena infinita, aunque no evitan un halo de pérdida y renuncia.

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